martes, 13 de diciembre de 2016

LA FUGA DEL MANIQUÍ



LA FUGA DEL MANIQUÍ

Harto de ser y de no ser más harto
Agustín Millares

Tras siete años en ese escaparate del centro comercial, el maniquí estaba harto. Lo habían disfrazado de todo: de hípster, de surfista, de andrógino, de punki burgués, de anarquista de derechas… hasta en un abril, se habían atrevido a vestirlo como poeta, con sus ínfulas azules y su canesú. –Yo que nací para autómata, en el sentido griego, heme aquí arruinando mi horizonte- pensaba el maniquí mientras ultimaba sus planes de fuga. Y esa noche, ayudado por otro muñeco que lo sustituyó para que el guarda de seguridad no se diese cuenta, el maniquí prendió su libertad. Como gesto, no se sabe si revolucionario o epitafio de su antigua vida, dejó una pintada en la luna del escaparate: Podrá el hombre engendrar monstruos con su cultura, mas no habrá jaula que disminuya sus pasiones”.

Al día siguiente, a la dirección le pareció tan sugerente el canto libertario, que en la campaña de primavera, el centro comercial optó por convertirlo en su eslogan.

2 comentarios:

  1. Jamás tendrá rejas un pensamiento o una mente libertaria... Este maniquí supo encontrar su camino y en el hallazgo dejó sin pretensión un atisbo de maniquí comercial.
    Original lo que dejas leer entre líneas, amigo Jorge.

    Mil besitos.

    Encantada de que mis naderías sean de tu agrado, cuando gustes :-)

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    Respuestas
    1. De naderías nada, valga la redundancia! Ves cosas que yo no veo.

      La entrelínea es lo importante o eso dicen... pero a mi me gustan también la carnalidad de las palabras.

      Mil más!

      Habrá que hacer tertulia pues!

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