lunes, 12 de diciembre de 2016

ELOGIO DEL NAUFRAGIO



ELOGIO DEL NAUFRAGIO


Lo que le gustaba de verdad era naufragar, por eso se embarcaba en proyectos desmedidos. Soñaba en tantas dimensiones inabarcables que las vías de agua no tardaban en aparecer. A veces esas vías se llamaban Leonor o Beatriz, otras se apodaban revolución o libertad, pero las más de las veces tenían nombres de fenómenos atmosféricos como “Fuego de San Telmo” o “Los tres soles” (parece que a su vocación de náufrago, se le unía cierta extravagancia meteorológica, flamígera... y esdrújula).

Lo que más saboreaba de sus naufragios, posiblemente, eran las vistas desde el fondo del mar: el plancton se ilumina cuando un barco lo rasga en su travesía y parece como un amanecer intermitente, como una variante marina de las luciérnagas. También se sentía cómodo en el silencio abisal y le encantaba frecuentar los pecios hundidos: le recorría el mismo cosquilleo en la espalda que al aventurarse por las casas abandonadas de su infancia.

Digamos que su querencia por el naufragio tenía un componente estructural: su imaginación tendía a volar al revés, a caer más que a ascender. Sus amigos lo tenían claro: sus sueños tenían demasiada gravedad.

2 comentarios:

  1. Metáfora o yo me acabo de hundir.
    A veces somos propensos a bucear más que a volar... Pero tanta magia hay en las nubes como en el fondo del mar.
    Me ha encantado este viaje submarino, amigo Jorge.

    Mil besitos y feliz lunes.

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    Respuestas
    1. Completamente de acuerdo Ana! añadiría que entre las nubes y el mar, también es un territorio propenso a los sueños.

      Pues besos a tutiplen!

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