miércoles, 7 de diciembre de 2016

EL ÁNGEL DE LA GUARDA



EL ÁNGEL DE LA GUARDA


Cuando su ángel de la guarda le salvó de esa caída fatal en el pozo, Marcelo no se lo pensó dos veces y decidió secuestrarlo. Detrás de su casa, habilitó un pequeño cobertizo que haría las veces de celda: si la muerte acechaba, era mejor tener a su ángel lo más a mano posible. Hasta compró unas cadenas de oro para que se sintiera más a gusto; -los ángeles deben apreciar los metales nobles- pensaba para justificar su regalo.

A Gabriel, que así se llamaba la criatura celestial, se le empezaron a desprender plumas con el paso de los días: en dos meses sus alas más parecían sarmientos que atributos volanderos por una extraña y prematura alopecia alada. Además, si ya de por sí, esta especie posee un pigmento blanquecino de piel, la de Gabriel prácticamente se convirtió en traslúcida: los amigos de Marcelo, cuando iban a visitar su zoológico celestial, comentaban que más parecía una medusa que un ángel al uso.

Durante los años que duró su encierro, Gabriel fue fiel a su naturaleza custodia y salvó a Marcelo de innumerables accidentes domésticos. Por su parte, éste se lo agradeció llevándole invitados para alegrar su forzado retiro. La pena o desconocimiento de nuestro anfitrión consistió en que ignoraba que los ángeles también tienen demonios de la guarda y fue precisamente éste, el último visitante que recibió Gabriel antes de su fuga… ¡pobre huerfanito, quedó Marcelo, sin su ángel de la guarda!

2 comentarios:

  1. No hay que ir contra natura. Un ángel está hecho para volar... Tú sólo has de dar un silbidito o hacer chas!!
    Me ha gustado tu historia, amigo Jorge... Porque saca a debate mis reflexiones y deja sin pretenderlo... Una moraleja.

    Mil besitos y feliz festivo.

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    Respuestas
    1. Amén y amen!!!
      Gracias Ana por tu mirada celestial al leerlo jeje. Miras mis historietas con ojos de angel de la guarda, habrá que invitarte a volar jeje.

      Mil más y disfruta tú también!

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