miércoles, 2 de noviembre de 2016

EL SUEÑO DEL ESTORNINO



EL SUEÑO DEL ESTORNINO

Para ser un estornino vulgar, tenía unos sueños muy refinados. Soñaba que una alondra le traía en su pico una orquídea flamígera; soñaba que se sentaba a comer en un banquete donde le servían aguacates, guayabas, pitayas… frutas tropicales impropias de su gastronomía insectívora; soñaba que era un enjambre lleno de versos que hablaban de cataratas y dragones.

Después de la noche, en su vuelo cómplice con otros estorninos, sus alas tropezaban más de la cuenta, hacía giros inesperados que desorientaban a sus compañeros, su canto ya no obedecía al imperativo del celo: toda la bandada andaba muy preocupada por su extravío. Tras una asamblea donde confesó sus sueños, decidieron castigarlo con una semana sin volar –los pájaros, con estas cosas, son muy contundentes-.

Desde el lunes, el estornino ha dejado de soñar o sueña lo normal. Está deseando que pasen los días, para recuperar esas fantasías nocturnas, preñadas de maravilla, como si su mismo sueño fuera el sueño de otro. -La próxima vez- se promete -seré más discreto.

2 comentarios:

  1. Bien podría pasar por fábula, el mismísimo Esopo te tendría envidia si la conociera.
    La discreción... Es el mejor vestido.

    Mil besitos, amigo Jorge.

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    Respuestas
    1. Oooohhhhh!!! Muchas gracias, por tus palabras que de cariño.
      La discreción es una virtud, llevas razón!

      Más para ti!

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