jueves, 27 de octubre de 2016

EL MASCARÓN DE PROA



EL MASCARÓN DE PROA


”La niña coronada por las antiguas olas,
allí miraba con sus ojos derrotados:
sabía que vivimos en una red remota de tiempo
y agua y olas y sonidos y lluvia,
sin saber si existimos o si somos su sueño.” 

Mascarón de proa. Pablo Neruda 



Jean Batipste Colbert, ministro del Rey Sol, mandó hacer el mascarón de proa más hermoso que habían visto los siete mares. El artesano para tan importante encargo fue escogido entre los orfebres y alquimistas más renombrados de la época, y el dinero destinado a su fabricación fue comparable al utilizado para la construcción del mismísimo jardín de Versalles.

Como figura a presidir la proa, de entre unicornios, leones, grifos y dioses de olvidados cultos, se decantó por la representación de una figura femenina. Y de entre todas las mujeres, se inspiró en la amante del rey, una bailarina de Tetuán, que bien valía una misa o un imperio o un poema. En vez del típico nogal, escogió la madera del eléboro negro; planta preferida por los brujos, que aunque muchos botánicos ignoran, existe también en forma arbórea.

Como mandan los cánones de la superstición marinera, el mascarón mostraba el esplendor de su desnudo para apaciguar  a las tormentas. Uno no sabía si miraba el firmamento cuando trataba de contar la variedad de joyas que adornaban, descaradas, desde el escote a los pies, en una corriente como de cascada preciosa, la pulida escultura de la talla. El oro no la vistió -aunque bien hubiera rimado-, sino plata, pan de plata que bañaba su figura con la intención de que la luz multiplicara su efecto narcótico.

Fue tal la impresión que causó en el rey, que decidió dejar huérfano a su buque insignia para reservar tal maravilla a la intimidad de sus aposentos. Las historias cortesanas más versallescas cuentan, que fue la única mujer –o estatua- a la que el monarca le fue fiel. Otros, malintencionados, hablan de un truco como de prestidigitador, un juego de manos, que ideó el artesano para poder fugarse con la exótica bailarina.

5 comentarios:

  1. Hay obras que causan tal hipnotismo que olvidamos que sólo es la muestra de algo que ya poseemos... Si la bailarina no puso objeción en el cambio...
    Chapeau por ellos y por tu relato!!!

    Mil besitos, amigo Jorge.

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    1. Regracias Ana.... oooohhhh, reflexión cojonuda la que has hecho, me ha impactao!

      Yo creo que la bailarina, cuando estaba haciendo de modelo, algo tuvo con el pillastre del artesano, me temo que su fuga la tenían más que hablada. Estas bailarinas!!! o estos artesanos!!!!

      Más pa ti!!!

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  2. Me encanta tu texto y ¿sabes por qué? Porque escribí uno similar sobre un pirata que se enamoró de un mascarón dr proa, tanto, que se hizo mujer (el mascarón).

    Besos.

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    1. Holaaaa Mag!!! Jajajajaja, me he reído con la especificación que se hizo mujer, el mascarón jajajajajaj.

      Desconocía tu texto, el cual buscaré, por supuesto. Pues mira que yo también había barajado que cobrase vida el mascarón.
      Estas coincidencias dan miedito o la razón al hilo rojo del destino jeje.

      Parece que pensamos en la misma dimensión literaria, que guay!!!!

      Otros tantos para ti!

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    2. Sí que es curioso, sí. Quién sabe. Igual estamos predestinados :-)
      Besitos.

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