miércoles, 26 de octubre de 2016

EL GIMNASIO DE LOS POETAS



EL GIMNASIO DE LOS POETAS


Su heterogéneo grupo literario estaba dispuesto a conquistar los laureles de la gloria a toda costa, por eso, en decisión consuetudinaria (¡eran tan ilustrados!), acudieron regularmente a un gimnasio para afinar sus sentidos poéticos.

Había que ver al parnasiano levantar las pesas de la palabra quimera o ver cómo el sudor se dedicaba a regar la palabra parterre. Los de corte social, empuñaban las mancuernas con expresiones como <<levantad las esterillas, debajo está el parqué>> o <<no hay más bandera que la toalla>>. A los herméticos, ni se les veía, cosa lógica por otra parte. Los que más rimaban con el lugar, eran los poetas erotizantes; tenían tantas oportunidades de mostrar la potencia de su sexualidad liberada con los aparatos, que más que en un gimnasio, parecían disfrutar de un tálamo preparado para sus noches de boda. Los cursis en vez de zapatillas usaban pétalos de rosas amarrados a sus pies para correr en la cinta o se vestían con suspiros amarillos y ajustados cuando utilizaban la bicicleta elíptica. Los más vanguardistas o juglares, salían a la calle para que todo el mundo les viese las intimidades poéticas, porque así debía de ser la poesía del futuro. Los poetas oscuros no daban palo al agua, sus sombras se encargan de todo el trabajo físico, mientras que ellos se sentaban, suicidas, en la cornisa del banco de abdominales. Los heterónimos eran un grupo aparte y bastante contradictorio, porque se negaban mutuamente, al intentar elegir el ejercicio más idóneo para trabajar la inspiración. En todo este repertorio lírico,  los que de verdad ponían todo patas arriba eran los surrealistas: cuando hacían sus posiciones de yoga, se convertían literalmente en cobras, lunas crecientes, cadáveres exquisitos, canguros y diamantes.

Tras siete meses de gimnasio, sus músculos poéticos estaban tan desarrollados, que desecharon los planes de conquistar los laureles y fueron a por todo el jardín: fundaron un juego floral que reuniría a todos los atletas del verso.

(La moraleja de este cuento, si es que existe, debe residir en una variación sobre una frase de Lope de Vega: quien dijo poeta, dijo mudanza.)

6 comentarios:

  1. Qué grande es tu imaginación, amigo Jorge. Un gimnasio de poetas, que no poesía, aunque si afino el oído soy capaz de escucharles versar los suspiros.
    Admiro tu originalidad.
    Yo sería de las que probaría todos los palos... Hoy aquí.. Mañana allí...

    Mil besitos de miércoles.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias supinas jeje!

      Tengo la imaginación desatada en los últimos tiempos!!!

      Otro beso para ti.

      Eliminar
  2. Me pregunto Jorgito, donde tendría que haber ejercitado yo que escribo más gore que otra cosa. Tal vez reventando cráneos entre mancuernas jajajajaja. Genial gimnasio y coincido con Auroratris, que imaginación!!! Saluditos!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues yo creo que te habrás ejercitado en una sala de tortura o un campamento de verano de la Santa Inquisición!jajajajjaja.

      Gracias por ejercitarte también por aquí!

      Eliminar
  3. Preciosa frase de Lope de Vega... y precioso relato.
    Estoy seriamente pensando si ir al gimnasio a ejercitar mis rimas.
    Un abrazo poeta.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Rita, la poesía hay que tomársela también con un poco de humor. Yo he construido uno en mi cuarto, soy capaz de hacer de una sentada veinte metáforas, jeje.

      Poeta tú!

      Eliminar