viernes, 9 de septiembre de 2016

EL DOMADOR DE LUCIÉRNAGAS





EL DOMADOR DE LUCIÉRNAGAS

A Rafael Pérez Estrada,
domador de palabras.

Hijo de una funambulista circense y un entomólogo retirado, la vocación de Karmelo galopaba por sus venas. Además, el destino conspiraba a barlovento, porque su tío era dueño del espectáculo ambulante en el que su madre mostraba sus talentos aéreos.

Aun cuando pasó por distintas etapas y papeles en el negocio familiar (de niño partido por el típico mago descuartizador a contorsionista oriental por su elasticidad infantil) Karmelo, secretamente, iba dando forma a un número que desafiaría las leyes de los cómicos, y posiblemente también, la de los naturalistas.

Gracias a los saberes oscuros de su padre científico, decidió que deslumbraría al mundo amaestrando luciérnagas. Y vaya si lo hizo, que su función insecticida pronto llamó la atención del Circo del Sol, que lo contrató por una millonaria cifra que rompió todas las barreras en cuestión de fichajes circenses: las luciérnagas acróbatas se convirtieron en número estrella de sus montajes dramáticos.

Hay que ver qué sonrisa le sale cuando lee su nombre artístico en los carteles: “Karmelo Luciferino, domador de luciérnagas o el poeta de la luz”.

Algunos periodistas mencionan el polen de una exótica flor como el verdadero encantamiento para domesticar a sus bichitos luminosos, aunque Karmelo nunca desveló sus trucos. Lo que hay que mencionar en letras de oro es la danza etérea, esa coreografía como de firmamento que logran las luciérnagas al son de su música invisible. Cómo era posible que con sus frágiles vuelos hurtaran al público sus sombreros y pendientes para llevarlos a mitad de la carpa y dejarlos caer al unísono, es todavía, un misterio al cuadrado.

2 comentarios:

  1. Karmelo me da un poco de pena, con ese secreto guardado hasta la tumba.
    Referente a las luciérnagas, se aventuró que las administraba flogisto, hipótesis que hoy ha caído en desuso.

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    1. Yo también estoy en contra de que Karmelo no publicase sus descubrimientos, pero supongo que el que perteneciera a un clandestino colectivo tendría algo que ver. Y respecto al flogisto, no lo conocía, pero me reafirma mi opinión sobre ti: eres un gran alquimista!!! (a ver si me pasas la receta)

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