lunes, 26 de septiembre de 2016

LA ORFEBRE




LA ORFEBRE

A Yolanda, joyita inesperada.


Daba igual que fuera un rubí, un zafiro o una esmeralda; un anillo, un pendiente o un talismán: lo que diferencia a Yolanda de la competencia consistía en que tallaba, a saber con qué alquimia, sus pulsiones más secretas en las joyas.

Cuando labró la calavera en el brazalete de turquesas, Yolanda tenía un humor gótico, como de cementerio parisino; el collar con filigranas bizantinas se debía a un viaje al sur, del que vino algo tocada y llena de arabescos amatorios; o cuando regresaba de la naturaleza con ese de brillo de bosque en la mirada y parecían nacerle ramas a sus gargantillas; a la vuelta de un concierto, confeccionó tan salvajes soldaduras que fueron motivo de plagio en el gremio, las siguientes temporadas; sus piezas más lunares y más auténticas, hechas con nácar y colmillos de lobo, eran una serie de camafeos con relieves de algas nocturnas como traídas de un mar en luto. Todo un espejo del mundo en su interior elaboraba sus maravillas. -El corazón era su crisol-, aventuran cursimente a especular sus rivales. 

¡Quién podría negar que la verdadera obra de orfebrería era Yolanda, que toda ella estaba hecha de metal precioso!

2 comentarios:

  1. Belleza interior labrada y resaltada con unos materiales primitivos y nobles, sin duda la joya... Es su alma.
    Todo un tesoro por defender es Yolanda.

    Cementerio parisino... Bellísimo y espectral.
    Cementerio de Montparnasse... Un lujo.

    Mil besitos, Jorge.

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    1. Otra vez me das miedito: precisamente es el de Montparnasse el que tenía en mente cuando hice la comparación. Lo conocí en un viaje necroturista para visitar a Baudelaire.

      No conozco a Yolanda muy bien, pero sí que supongo que es de armas tomar.

      Espero con verdaderas ganas tus comentarios a mis juegos.

      Mil gracias, Ana.

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