viernes, 5 de agosto de 2016

LA MUJER LUCIÉRNAGA








LA MUJER LUCIÉRNAGA


Le llamaban “La Luciérnaga” porque, literalmente, su sexo brillaba. También sus pezones emitían una luz a la manera del sol o las estrellas, pero era en el Monte de Venus donde se congregaba la casi totalidad de sus órganos fotógenos.

En realidad su mote era un equívoco, ya que su luminosidad tenía más que ver con los tucu-tucus, que con las luciérnagas (familias distintas, no les aburro). El caso es que en las crónicas de sus amantes hayamos diversas aproximaciones para describir tal espectáculo erótico: que si con las vidrieras de la Santa Capilla en París, que si con la hoguera de un Dios castigador, que si un faro pagano en el mar del deseo (los cursis con ella, lo tenían hecho), que si la mismísima entrada del infierno que la biblia insinúa… al parecer, a la mujer luciérnaga le encantaban los pecadores, o las metáforas.

Al volar, cuando su melena parece copular con el viento, se le desvela una nueva bioluminiscencia detrás del cuello: los entomólogos y los poetas andan todavía asombrados.

2 comentarios:

  1. Asombrado me dejan tus muestras de ingenio que tu nombras bagatelas. ¡Bravo!

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    1. Gracias Nacho!!! Tengo un ingenio de revista, no más. Pero se agradecen los piropos. Un abrazo

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