miércoles, 18 de mayo de 2016

LAS LÁGRIMAS DE LA MÁSCARA



Máscara Baoulé de la región Bouaké, Costa de Marfil.



LAS LÁGRIMAS DE LA MÁSCARA


El jueves, a las seis y diecisiete minutos de la tarde, la máscara africana que Felipe Benítez tenía colgada en el salón se puso a llorar.

Para un racionalista militante como él, el extraño suceso no le causó perturbación alguna, sino que lo consideró una oportunidad para agudizar sus sentidos científicos.

Comenzó buscando la típica gotera que alimentara la máscara con sus lágrimas de atrezo: nada de nada, su pared estaba seca y la hipótesis quedó rechazada. Su segunda línea de investigación se fundamentó en revisar la antigüedad y el material del que estaba fabricada. Pensaba que, tal vez, por un efecto de acumulación de humedad y su posterior evaporación, había sido posible tal llanto repentino; aunque estaba elaborada con madera, un pigmento de origen animal hacía las veces de barniz y la protegía de los caprichos de la temperatura y el clima: ¡segunda hipótesis al carajo!

Durante las siguientes semanas, todas las especulaciones acerca del origen lacrimal de la máscara fueron infructuosas. Incluso  Felipe acudió al psicoanalista, no fuera a ser que el observador fuera el problema. A parte de una ligera cleptomanía, que debió pillar en la infancia, no le diagnosticaron ningún trastorno mental que pudiese explicar las dichosas lágrimas.

Poco a poco, empezó a utilizar métodos menos ortodoxos –quién sabe a qué territorios desconocidos me enfrento- pensaba Felipe para justificar estas salidas de tono. Una tribu nigeriana a la que alojó durante un mes; diecisiete máscaras de todo el mundo para que le hicieran compañía; un escultor vanguardista, porque vaya usted a saber; otro misionero cristiano para intentar contrarrestar las paganías de la máscara; un rito funerario a la manera de Costa de Marfil que organizó en su salón por si quedaban heridas pendientes… *así hasta que un día desistió de un desenlace racional y se acostumbró a convivir con tal fantástico suceso.

Y ahí sigue, llora que te llora la máscara, en el salón de Felipe, penando desde quién sabe qué mundos o tristezas animistas.

5 comentarios:

  1. Me encanta!!! Consigues que espere cada relato con ansia.

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  2. Me encanta!!! Consigues que espere cada relato con ansia.

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    1. Muchísimas gracias Nacho, no sabes cómo agradezco estos comentarios. Va a ver que invitarte a una cena y todo!!!

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  3. Ha sido un comentario duplicado. Súplicas la cena. Jajaja

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