jueves, 19 de mayo de 2016

LAS LÁGRIMAS DE LA MÁSCARA: FINAL B



Máscara africana.



LAS LÁGRIMAS DE LA MÁSCARA: FINAL B


…cuando Felipe renunció a explicar científicamente las lágrimas que vertía la máscara africana en su salón y aprendió a convivir con lo asombroso, la máscara no sólo dejó de llorar súbitamente, sino que comenzó a hablar. Lo raro fue que no articuló palabras en ninguno de los dos mil idiomas de aquel continente, utilizó el lenguaje de la infancia, pero no el de todas las infancias, sino el de la de Felipe.

Y le contó que los pájaros azules que habían conducido a su tío al manicomio, volaban dentro de su cabeza para acompañar sus sueños malogrados; que la pequeña isla donde celebraba los cumpleaños y que sumergía el río en las crecidas, se había convertido en península; que la chica del pupitre de al lado no lo miraba porque se sentía intimidada al considerarlo demasiado leído; que el triciclo que desapareció aquella lejana mañana de primavera, se lo habían llevado los gitanos; que cada noche, cuando él dormía, su madre le acariciaba el cabello durante diez minutos… 

Fueron tantas y tan epifánicas las revelaciones de la máscara, que Felipe abandonó su trabajo en el laboratorio y marchó a conocer mundo; gracias a las lágrimas de la máscara, su presente era tan virgen como inexplicable.

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