martes, 17 de mayo de 2016

EL MAYORDOMO DEL MAR


Este es el mismísimo mayordomo de Batman, el fiel Alfred.
Sacado del comic número tal, año pascual.
(vale, vale, de internet)



EL MAYORDOMO DEL MAR


Por fin había conseguido ser mayordomo del mar. Para alguien que venía de oficiar como criado para un pequeño manantial en la montaña, el gremio consideró su logro toda una gesta; ¡serviría de inspiración para las siguientes generaciones de sirvientes, estaba más que convencido!

Había que ver con qué diligencia se encargaba de ordenar las pleamares o cómo anotaba todos los naufragios, ya fueran reales o metafísicos. Para organizar el tamaño de las olas y su música de mantra ultramarino tenía un truco: transformar el humor con el que había amanecido Neptuno en problemas matemáticos (personalmente las matemáticas me parecen mucho menos fiables que el humor o que Neptuno, pero funcionaba, y tampoco es cosa de liarles el cuento a la cabeza…). Otro merito a reseñar era el control del número de bañistas para evitar un abarrotamiento que perturbase el lunático temperamento del mar, bien a base de sumergirlos durante unas horas bajo el agua para que aprendiesen la lección, bien ofreciéndolos como comida para sirenas: era un buen mayordomo, no un santo.

El caso es que su buen hacer llegó a oídos del océano (que no sé si saben, pero es muy envidioso) y se quejó a las autoridades pertinentes para denunciar el intrusismo humano en un trabajo destinado a dioses o semidioses. La sentencia fue clara: destierro a la luna.

Menos mal que hasta en el poético satélite también existen los mares, así que, no se apuren, para nuestro mayordomo del mar sólo fue un cambio de aires. 

Fíjense, si pueden hacerse con un telescopio, lo limpias que lucen las manchas lunares: consejo de charlatán.

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