jueves, 17 de marzo de 2016

PEDIGRÍ









PEDIGRÍ


Su estirpe descendía de seres fantásticos. Así su árbol genealógico constaba, por parte de madre, de hadas del bosque de Medinaceli y unas ninfas, venidas a menos, del valle del Ebro a su paso por Logroño. Su bisabuela concretamente había sido una sirena; reconvertida en cortesana, tuvo romances con lo más granado de la bohemia del siglo XIX (Larra, dicen, le puso una fuente a las afueras de Madrid). Por parte de padre, la mayoría habían sido sátiros e íncubos, de muy dudosa reputación, tuvieron que disimular sus instintos disfrazándose de cómicos ambulantes, por el qué dirán. Salvo un ancestro, que fue titán, de esta línea paterna no se conservan documentos.

Lo más refinado de su sangre habría que achacarlo al fundador de la saga: un cíclope bizco que tuvo amores con Hatshepsut, que como todo el mundo sabe fue reina-faraón del antiguo Egipto e identificada con el Dios Horus o Ra, según qué pergaminos se consulten.

Toda esta mezcolanza de sangres fantásticas había llegado hasta ella, camarera o cabaretera con poderes clarividentes y una danza oriental por la que perdías la cabeza. Que estas profesiones se consideren mitología urbana, a día de hoy, es gracias a ella.

Lo de que su sangre era de oro, mejor consulten tratados alquímicos.

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