martes, 29 de marzo de 2016

LA METAFÍSICA DE LA CARNE


"Mujer al sol" de mi adorado Edward Hopper.



LA METAFÍSICA DE LA CARNE


¿De dónde venían sus jadeos ultramarinos? ¿De quién eran las salvajes manos, que se apoderaban de él, cuando cartografiaba su espalda? ¿A qué lugar desconocido le llevaba la lengua de Sofía?

A su lado, estaba convencido que hasta el pecado tenía ética, que las noches con ella estaban más allá de la física, que no había más realidad que su cuerpo desnudo. Kant debió haberla soñado cuando dijo eso de “necesidad inevitable”. Sofía era, sin lugar a dudas, el animal metafísico más hermoso del mundo. Haberse acostado con ella significaba la más alta disciplina filosófica, porque en su piel se encarnaban todos los conceptos principales: Dios, la libertad, el espacio y el tiempo, la esencia y la existencia.

¡Qué tratados fundamentales escribieron con sus cuerpos! ¡Cuánto de obscenas fueron sus teologías de alcoba! ¡Vaya cosmologías fundaron con sus sudores!

Digamos, especulativamente, que en su cama vivieron el absoluto.

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