miércoles, 30 de marzo de 2016

EL CÍCLOPE BIZCO


Máscara de Polifemo.



EL CÍCLOPE BIZCO


Con su único ojo estrábico, un ser mitológico como él, no lo tuvo nada fácil durante sus años escolares. “El Bisojo” lo llamaban cruelmente sus hermanos; y claro, con un sobrenombre como ése, ningún Homero que se preciara lo incluyó, ni siquiera como atrezo, en sus famosas epopeyas; ¿cómo competir con rimbombantes nombres como Halimedes o Estéropes?: no había forma. Así que su carácter se forjó al margen de la historia y de los mitos conocidos.

Si bien el gremio familiar se había dedicado a la fabricación de las primeras armas de destrucción masiva (véase el tridente de Poseidón o los rayos de Zeus, si la curiosidad les inclina al belicismo), su marginamiento le decantó por la literatura, más concretamente, por la poesía lírica.

Como provenía de una estirpe con cierto hedor aristocrático y divino, y muy propensa a las venganzas sanguinarias, hizo bien en escoger un pseudónimo para la publicación de sus obras. Anacreonte, fue el nombre escogido, ¡y vaya si le fue bien!, que ha llegado hasta  nuestros días como uno de los primeros cantores de los placeres de la mesa, el vino y el amor. ¡Si hasta influyó en el mismísimo Epicuro y su escuela hedonista!

En fin, que no les desanime una infancia contrariada, que si hasta los familiares despreciados de los dioses pueden componer versos de oro, ¡qué no podremos conseguir con nuestra libertad los mortales! 

(Y perdonen la moraleja, pero es que a veces, ¡me pongo de un helénico...!)

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