miércoles, 30 de marzo de 2016

CUANDO BAJA LA MAREA


"El balandrito" de Joaquín Sorolla.



CUANDO BAJA LA MAREA


A algunos les cuesta toda la vida, otros no lo hallan jamás, pero Noelia Heredia sí que encontró su lugar en el mundo. Un poco raro –todo hay que decirlo- porque el sitio predestinado se localizaba en la playa; más concretamente, cuando baja la marea y el agua deja un fino espejo líquido de suelo. En esa arena metafísica entre la tierra, el mar y el cielo, Noelia construyó su casa.

Sus amigos bromeaban diciéndole que en ese lugar se encarnaban los cuatro elementos que conforman la naturaleza, porque a los tres anteriormente sugeridos, había que sumarle, ella misma: ¡pura llama!

-La gente que camina por aquí, se les llena la cabeza de paisajes importantes- había observado Noelia. –Serán las neuronas espejo. Al contemplar esa inmensidad acuática, el infinito contagia todos los pensamientos- se decía, como intentando explicar su fascinación cómplice. –Pasan cosas extrañas en este lugar: todo el mundo parece recuperar su niño interior; ¡hasta los ancianos saltan a la comba de las olas menguantes!- gustaba anotar en su diario de bitácora.

No hablaremos del ingenioso mecanismo de arquitectura portátil, que tuvo que fabricarse para vivir en tan incierto terreno. Tampoco, de los intentos de desalojo por parte de las autoridades locales, siempre atentas a la felicidad del prójimo. Sí que mencionaremos, la caudalosa sonrisa que ilumina a Noelia cuando escucha el mar: -¡Con qué sonoridad de trueno rompen las olas! ¡Qué algarabía de aguacero dejan como herencia!- dice su rostro, como intuyendo que alguna sirena debe correrle por las venas.

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