martes, 23 de febrero de 2016

LA BRUJA DEL TREN


LA BRUJA DEL TREN


Estoy más que harta de que me encasillen por aquella infantil atracción de feria. ¡Una, que  tiene unos sobrados estudios sobre hechicería, no va a estar malgastando sus habilidades nigrománticas toda su vida en un parque de atracciones! ¿De qué si no, mis poderes para por ejemplo, transformar un verso en unos zapatos de tacón, o que mi aura gravitatoria sea capaz de crear órbitas de flores volanderas?; por no mencionar mis dotes adivinatorias en terrenos amorosos, ¡que bien me podrían haber ofrecido, como a Piruja, uno de esos programas nocturnos a deshoras! Yo qué sé, hasta en un restaurante podrían usarse mis encantamientos por el bien gastronómico, ¡cosas más disparatadas se están haciendo a día de hoy en las cocinas! Además, desde que la revista Aquelarre desveló aquel revolucionario artículo sobre “Cómo convertirse en una bruja ignífuga en tres sencillos sortilegios”, nuestra vida laboral es prácticamente ilimitada. ¡Si hasta estoy por ofrecer mi escoba para viajes etéreos o lunas de miel!

Decidido, mañana me anuncio en el periódico:

-Se ofrece bruja responsable para telekinesis de mobiliario, pócimas etílicas y transmutaciones varias. Disponibilidad total en plenilunios y equinoccios. Seis años de experiencia en rituales paganos, formación en Alquimia.-

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