martes, 16 de febrero de 2016

EL GOLEM



¿Un Golem de chocolate?


EL GOLEM


Aunque alardeaba de descender de los visigodos por el qué dirán, Millán Marcos era sefardí. En una ciudad de provincias, si no eres Woody Allen, tener sangre judía sigue siendo motivo de recelo, y además, su carácter ya era suficientemente huraño como para más jardines.

El caso es que, un día tuvo que echar mano de los privilegios divinos de su raza, por un motivo bien humano: el amor de su compañera de pupitre. Y no se le ocurrió mejor recurso, que dar vida a un Golem para alejar a los merodeadores de su pretendida (que no es que tuviese una belleza sin par, es que su hermosura era cautivadoramente impar; y ya se sabe que los genes, como los famosos, se decantan por lo raro. Fin de la cita.).

Como masa uniforme para componer a su Golem no se le ocurrió mejor idea que utilizar mayonesa; algo había oído en clase sobre los pecados gastronómicos de su favorita. Y de chispa divina utilizó un viejo verso del Talmud que dice tal quesaben más del amor las cadenas que las alas de los pájaros” (cosas de rabinos, qué sé yo).

¡Había que ver desfilar por la Calle Mayor a su apetitoso Golem! Hasta las madres tuvieron que permitir licencias en las tiendas de chucherías porque sus niños, voraces, se lanzaban sin contemplaciones a tan suculenta leyenda hebraica. Ni que decir tiene, que sus rivales pusieron pies en polvorosa.

Respecto a si consiguió el amor o no, qué mejor que dejarles con su imaginación y dos pistas: ella era diabética y antisemita.

4 comentarios:

  1. Chispeante y muy divertida, Cafrune.
    Saludos.

    tx1sk0

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  2. Un honor vitalicio. Muchas gracias Don Coke.

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  3. Un honor vitalicio. Muchas gracias Don Coke.

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