miércoles, 3 de febrero de 2016

EL FUGITIVO



¿A que es chula esta veleta de viento?



EL FUGITIVO


Había una coherencia subterránea en sus huidas, ¿pero cuál? Sus amigos le apodaban “El Houdini”, por sus despedidas a la francesa en las noches de farra. No aguantaba más de cuatro años en el mismo barrio. Encabalgaba amores sin aparente desgaste en las relaciones. En el tema laboral, había sido carpintero, peón de fábrica, linotipista, marino mercante, camarero y un sinfín de oficios y beneficios. Hasta asaltó una gasolinera para que lo encerrasen, sólo por darse el gusto de escapar de la cárcel (lo suyo era puro vicio fugitivo).

A nivel interior, desertaba de sí mismo a la mínima ocasión. Abandonaba sus múltiples personalidades como quien cumplía una etapa vital. Hasta sus comidas preferidas resultaban veleidosas: hoy moría por un bistec, mañana la crema de verduras era su amor verdadero. Renegaba de sus triunfos una vez alcanzados y, rara vez repetía fracasos (su única constante cosmológica conocida). Incluso un par de veces logró dar esquinazo a su sombra; por no hablar de la cantidad de nombres que figuraron en su pasaporte.

Fue objeto de investigación científica e inauguró una nueva patología: El Síndrome Veleta.

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