viernes, 29 de enero de 2016

TORRE DE MARFIL




TORRE DE MARFIL

A Montaigne.
 

Iba a darle un aire más rockero a eso de desconectarse de la realidad. Como primera iniciativa, empezó dinamitando la endogamia del gremio en el terreno sexual; ya valía de biólogas y botánicas. Cambió su hábitat de marfil por la facultad de Filología Hispánica, y todas las mañanas realizaba sus experimentos en la cafetería; los jueves alternaba con la de Filosofía, por darse un caprichito metafísico. Digamos, que en este terreno, obtuvo unos resultados nada desdeñables. -Parece que las especies exóticas son muy apreciadas fuera de su entorno-, garabateó entre sus notas.

Por las tardes acudía a la playa para completar sus estudios teóricos. Se había comprado un sombrero Panamá, una tumbona muy siglo XIX y un minibar portátil para demostrar que la ciencia no estaba reñida con lo esnob.  ¡Qué ensimismamiento más cautivador, si hasta los niños dejaban sus castillos para jugar a descifrar a Dios entre sus ecuaciones de arena!

Fue elegido científico del mes y su influencia redujo considerablemente la tasa de suicidios en su profesión; eso sí, en cuanto a descubrimientos, sólo sacó adelante una fórmula que revolucionó la preparación de los gin tonics. Para ser un matemático, había llegado lejos.

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