miércoles, 13 de enero de 2016

LOS ENEMIGOS DE LA TERNURA







LOS ENEMIGOS DE LA TERNURA

Venían con sus principios debajo del brazo, hablando del horror y sus paletas. En sus saberes traían el espanto como boca, sus ojos furiosos como únicas lupas para descifrar el mundo. Los aspirantes a malditos les aplaudían, los críticos asentían desde su cueva, su lucidez era admirada en todos los suplementos culturales. –No, la vida no es una ternura- vociferaban lo muy sabios. –No, con la ternura, no se hace la revolución- esgrimían desde sus tesinas de academia. –La realidad es un apocalipsis y hay que dibujarla como tal- profetizaban como santos invertidos.

Y la vida los miraba. La caricia los miraba. Lo leve, lo delicado los miraba. Se levantó de su silla el arrumaco, la carantoña le siguió muy solidaria, hasta el mimo, orgulloso, se sumó a la fiesta. Y formaron un gran muro, que más que muro era un abrazo. Y, aunque vistieran de luto a la ternura, decidieron contratacar desde la suavidad de sus trincheras.

(¡Qué será de nuestra especie! ¿Acaso los gatos niegan el cariño? No, son más inteligentes y más felinos, menos hombres. ¡Queda tanto que entecar!)

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