miércoles, 13 de enero de 2016

LA ENTRELÍNEA



Me ha costado elegir imagen,
al final me decanté por ésta, con reservas.




LA ENTRELÍNEA


Harto de ser y de no ser más harto

Agustín Millares


Debido a su misticismo extravagante decidió comprarse una parcela en la entrelínea. Pero no en una cualquiera, sino en la del misterio. Así era él.

Inauguró su espacio en blanco decorándolo con una colección de mutismos, heredados de una relación que mantuvo con una tatuadora de silencios (para más cotilleo, véase si se quiere, la historieta con el mismo nombre). Y, aunque había una contradicción cromática en el asunto, pintó de azul su retiro.

En el fondo tenía ambiciones de adelantado, así que bautizó el lugar como La Nueva Inopia, tal vez en homenaje a su tío abuelo, fundador de una pequeña villa en el Amazonas. No es que planease crear una colonia, o sí, no se puede asegurar. 

Hay quien dice haberlo visto en la mirada de una bruja que baila en llamas por los arrabales. Otros juran y perjuran, que se transformó en jacaranda cuando se cansó de la soledad. De lo que no hay duda es que como asceta, no tuvo parangón.

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