martes, 19 de enero de 2016

EL PLAGIADOR


Copia y original de La Gioconda.

 
EL PLAGIADOR

“con una extraña mezcla de orgullo por haber coincidido de buena fe con un autor tan grande, y pena por la vergüenza pública del plagio”

Gabriel García Márquez, Vivir para contarla



Acababa de escribir la obra que lo confirmaría como uno de los autores más heterodoxos de la literatura. Su Erótica para seres invisibles, iba a poner patas arriba el panorama artístico nacional. Lo que ocurrió el día siguiente se convertiría en una constante en su camino hacia la genialidad:

Al recabar información sobre su próxima novela, acudiendo a uno de los autores latinos de mayor renombre, encontró entre sus obras un texto, mucho mejor escrito, sobre la misma obsesión reveladora. Un sudor frío y vanidoso le recorrió el oficio. Destruyó su manuscrito por el qué dirán y se puso manos a la obra en su siguiente proyecto, Los grafitis de Dios, que corrió la misma suerte, al percatarse que otro escritor había ganado el Nobel con la misma idea. Todo lo que componía, parecía tener una maldición de coincidencia con talentos ajenos.

Pero su determinación o ínfulas no disminuyeron ni un ápice, aprovechó su sincronía artística para convertirla en tendencia vanguardista: el plagio como nuevo “ismo”. 

Y cómo será este mundo loco, que por fin obtuvo los ansiados laureles y alcanzó un sillón en la academia.

Las consecuencias para el arte son insospechadas, aunque como narrador descreído me decanto por creer que el Arte lo miró como la Naturaleza mira al hombre, con esa mezcla de rubor e indiferencia.

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