lunes, 4 de enero de 2016

EL PARTISANO



Partisano durante la Segunda Guerra Mundial


EL PARTISANO

Al Partisano de Facebook,
en correspondencia amiga.

Por eso escogió el disparate como arma fetiche, porque como los de Dios, los caminos de la revolución son inescrutables.

Empezó su ofensiva utópica negándose a trasladarse a pie; utilizaba un monociclo para difundir sus proclamas insurgentes. En las sucursales bancarias usaba el truco flamígero de los tragafuegos, para ilustrar lo demoníaco del sistema. Todos los jueves por la tarde, a las puertas del ayuntamiento, se pintaba con pan de oro (muy bizantino él) y bailaba una danza de la fertilidad como queriendo engendrar un nuevo mundo. Los fines de semana era cuando más revolucionaba, se pasaba todo el día, subido de iglesia en iglesia, blasfemando funambulismos travestido de querubín.

No había irreverencia que se le resistiese, ni frenopático al que no le invitasen, todo hay que decirlo. Fueron años de dura lucha, por y para el delirio. A nivel personal, sus parejas no pudieron soportar tal compromiso guerrillero y lo abandonaron a su suerte de trinchera. 

¡Supo que había ganado, cuando los niños de la ciudad comenzaron a imitarlo!

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