miércoles, 6 de enero de 2016

CINE ANÉMONA








CINE ANÉMONA


Tal vez porque no había salido del páramo ni un solo día de su vida, montó un cine para ajustar cuentas con los viajes. Quién sabe si porque nunca conoció el mar, decidió llamarlo anémona, por ese bicho marino mitad planta, mitad animal. Lo que es seguro, es que jamás tuvo espectador alguno; salvo él, claro.

Proyectaba desde películas italianas de posguerra hasta la más comercial e insípida de las comedias románticas: era, digámoslo así, un cine omnívoro.

Durante los años que duró el Cine Anémona ni los fantasmas ni el mismísimo silencio pudieron hacerle competencia. ¡Qué memorables pases, incluso recuperó la doble sesión! 

Como suele pasar en estos casos, el celuloide se mantuvo hasta que apareció Sofía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario