martes, 26 de enero de 2016

AGENDA






AGENDA


Clara se planeaba el día minuciosamente, rozando, casi, casi, el trastorno obsesivo-compulsivo. Desde la temperatura de la ducha (24º centígrados, hoy quería un efecto tonificante) a los calcetines que usaría cada día del mes (los de cuadritos morados, porque era jueves de la primera semana). Hasta su melena se peinada según el humor matutino (salvaje y húmedo, por quién sabe qué aventuras oníricas).

Pero la vida estaba empeñada en desbaratarlo todo. No ya porque la caldera no funcionaba esa mañana, ni tampoco porque sus calcetines estaban en la cesta de ropa sucia o que su pelo mostrase un carácter marcial y disciplinado pese a sus intentos de liberarlo. Una perturbadora cadena de imprevistos le asaltaron en sus milimetrados quehaceres: el encuentro casual con un amor de juventud que la llenó de dudas, el acenso inesperado en su trabajo en la agencia de publicidad, la carta de México que recibió dos meses tarde, ese tiempo impropio del invierno, los buenos días de su portero huraño, los semáforos en verde, el capítulo dos en la siesta de los sueños de la noche, la visita de su mejor amiga para anunciarle su embarazo…. Parecía que hoy el mundo, se había puesto de acuerdo para conspirar contra su agenda.

Pese a todo, Clara sonreía. A Clara se le iluminaban los ojos en cada azar. El aura de Clara engordaba con cada contrariedad del día (¡esta maldita Clara nos engañaba a todos, estaba claro!)

-Tendque organizar mi jornada con más empeño-, se le encendía a Clara el pensamiento, -el asombro, mañana, me pillará más desprevenida-.

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