martes, 24 de noviembre de 2015

TETA DE NOVICIA

Dan ganas de darle un mordisco al pezón, digo a la cereza (según recetas).



TETA DE NOVICIA


Su verdadera vocación era la de gastrónomo, por eso sus crímenes tenían un deje culinario. En el caso de su último homicidio, llamado por las autoridades Teta de novicia (a veces uno cree que la policía, como los poetas, acude a musas disparatadas), el problema residía en el laicismo despreocupado de la población. ¡Cuántas víctimas en su zona de caza, por ignorar las delicatesen reposteras que se habían cocinado en nombre de Dios!

Así que cuando descubrieron la colección de senos mutilados, conservados en crema de Chantilly, los periódicos no mencionaron su carácter religioso o su guiño a la pastelería; se limitaron a nombrar el horror sin adjetivos. ¡Ay, si Kapuscinski levantara la cabeza!

La única moraleja siniestra que sacaron los cuentistas, es que hasta la atrocidad tiene su árbol genealógico.

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