viernes, 16 de octubre de 2015

EL FERIANTE


Foto de un parque de atracciones en Coney Island en Nueva York



EL FERIANTE

A Manolo Fernández,
por sus Chochonas.

Había nacido para poeta. Así que decidió construir una atracción de feria que consiguiese fundir la ingravidez, el miedo y la aventura. El artefacto fue bautizado como El mascarón de proa; evidente homenaje a sus días en la marina mercante. La puesta en escena consistía en amarrarse a la delantera de un navío, para que unas sirenas (de las de antes, de las que devoran y dejan la costa repleta de huesitos) entonaran sus influjos musicales para llevarte a la perdición, mientras el barco atravesaba una bamboleante y apocalíptica tormenta.

Pero no fue esta fantasía de feria la que le dio su merecida fama, sino la colaboración con su esposa, dueña y señora de una tómbola. Para atraer clientela usó su talento retórico, acuñando expresiones que todo niño lega al hombre futuro que será: -El payaso Nicolás, que mola mucha más. ¡Qué alegría!, ¡qué alboroto!, ¡otro perrito piloto!...-, entre otros hallazgos poéticos.

¡Qué mayor laurel para un feriante, que ser antologado en las infancias de toda una generación!

No hay comentarios:

Publicar un comentario