miércoles, 9 de septiembre de 2015

EL EFECTO LUCIFER



Bafumet en Oklahoma


EL EFECTO LUCIFER


Se presentó voluntario para el experimento científico destinado a mostrar su lado luciferino. Lo vanguardista de la prueba consistía en que, ésta vez, las secuelas iban a ser permanentes. El hastío por su carácter de pánfilo, de canelo, de cero buenazo a la izquierda, lo tenía traumatizado desde la infancia. Siempre albergó la ilusión de travestirse de demonio.

Los primeros efectos no se hicieron esperar. Cuando bajó a la calle y vio a la primera mujer, digamos Eva o Lilith, probó con una suerte de piropos. Primero muy conservadoramente: que si lucero del alba, que si estrella de los mares. Poco a poco más audaz, le echó picante al asunto: que un pizquito de oscuridad incandescente, que si es posible naufragar a la orilla de su falda, hasta nocturnos le cantaba. Al final, se atrevió a pedirle una cita para concretar pecados y ella le siguió la corriente maligna, electrizando las primeras conclusiones.

Lo más inesperado de la alquimia se fundaba en que esta mujer, digamos Francesca, digamos Nicole, se entregó minuciosamente al repertorio de perversidades propuestas, o imaginadas, por nuestro antihéroe de laboratorio.

Vivieron diabólicamente hasta el final de sus noches y comieron serpientes. O, su lado más malvado era el amor.

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