lunes, 28 de septiembre de 2015

EL LICÁNTROPO Y LA LUNÁTICA


¡Auuuuuuuuuuuuuuuuuuu!



EL LICÁNTROPO Y LA LUNÁTICA


-Soy muy aburrido para ella-, meditó el licántropo. –Mi animalidad es intermitente, ella necesita un salvajismo a tiempo completo.-

-No puedo competir con la luna-, razonó la lunática. –Mi gravedad no causa mareas, él necesita alunizar cada noche.-

Y siguieron poniendo excusas para no encontrarse. No se pararon a rimar, que su amor era un cómplice secreto, que los dos se esforzaban por ignorar.

viernes, 25 de septiembre de 2015

LA MUJER IMPÍA





LA MUJER IMPÍA

(Introducción)


No esperen encontrar aquí una biografía indecente, ni escabrosas aventuras amorosas. Tampoco hallarán un alegato contra los dogmas de la fe, ni siquiera una actitud iconoclasta. Olvídense, incluso, que el mismo lenguaje trate de hacer la revolución.

Lo impío del personaje femenino, que anida en las entrelineas de este texto, se funda en su arrebatada ternura. Su rebelión contra Dios y el mundo se arma desde la firme actitud de entecar todo lo que toca o imagina. Y llámenme cursi o pelotudo (según orillas), pero de entre todas mis secretas ficciones, la mujer impía, es la niña de mis ojos.

martes, 22 de septiembre de 2015

EL HOMBRE LUCIÉRNAGA


¡Qué pancha la tía!



EL HOMBRE LUCIÉRNAGA 

Tras no obtener los resultados esperados con la literatura (se había engullido algunos de los tratados amatorios de mayor renombre: El Banquete” de Platón, “Diario de un seductor” de Sören Kierkegaard, “La llama doble” de Octavio Paz, "El segundo sexo" de Simone de Beauvoir, “El arte de amar” de Erich Fromm, “El arte de desear” de Fernando Fernán Gómez… por si hay algún estudioso del corazón en la sala), su desesperación por no descifrar un método infalible para encontrar el amor, lo llevó a convertirse en cobaya de la mano del doctor Frankenstein de la comarca.

El antiguo entomólogo y hoy científico loco, había logrado desentrañar el secreto alquímico de las luciérnagas. Así que, durante nueve meses, aplicó una estricta dieta de enzimas de luciferasa con cientos de microinjertos de moléculas luciferinas, en el estómago de nuestro candidato a primer homoluminiscente. La operación quedó redonda, cuando modificó su vientre para permitir la oxidación de las sustancias y cerró las heridas con hilo de oro, que parece, que para estas operaciones mágicas, es mano de santo.

Había que verlo, ¡qué chulería de abdomen lumínico por las calles de la ciudad!, -¡qué potencia de faro!- le decían las más descaradas, hasta recibió lúbricas ofertas como hoguera de compañía.

Fue tal el éxito, que no tardó en convertirse en tendencia. Hombres, en otra hora, acomplejados y destinados a las periferias de la seducción, lucían sus barriguitas al son de un cortejo cautivador. Que la luz acertara con el misterio del amor, no dejaba de tener algo de lógico.