domingo, 9 de agosto de 2015

LA VIOLINISTA DEL RAVAL

La búsqueda de un tono más alla de la historia es lo que impulsa este texto.



El violinista azul de Marc Chagall
 
LA VIOLINISTA DEL RAVAL


Parecía sacada de un cuadro de la época azul de Picasso. Una fragilidad rendida, los rasgos agitanados y su tristeza sin fondo condimentaban una feminidad hipnótica como de abismo.

Dicen que tocaba para ahuyentar a un amor imaginario (¿cuál no lo es?). Lo cierto es que se la podía ver los jueves al atardecer por el Mercat de la Boquería, violinando junto a un puesto de frutas tropicales. El mango, la papaya o el aguacate la escuchaban con una atención impropia de su carácter climático. Algo oculto pero revelador las estremecía. Cada quince días, también se la podía escuchar en la Calle Botella, siempre en el mismo portal, como cumpliendo una enquistada promesa.

Sus melodías parecían sacadas de un trastero de los años treinta. Lo confuso era que se trataban de canciones alegres que te alzaban mientras duraba la pieza, para desembocar en una sensación de orfandad, o perdida, casi casi de amputación.

Ya sólo se la ve rara vez por los jardines del antiguo hospital de la Santa Creu, al lado de la fuente. La misma agua parece hacerle los coros. Fuma más que toca. Se ha vuelto azul toda ella.

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