martes, 11 de agosto de 2015

LA RESACA DE DIOS

Los últimos textos me aconsejan alejarme de mis ínfulas de cuentista. Me canso mucho conmigo, no se crean. Así que aquí va un divertimento puro y duro, para recuperar fuerzas...

¡Buf, qué resaca!


LA RESACA DE DIOS

-¡Redios qué resaca!-, se martirizaba Dios el séptimo día. Los primeros fueron hasta divertidos. Que la noche y el día, que si el cielo y el mar, las plantas y el sol y la luna... fueron disparates propios del jolgorio por las terrazas de la galaxia. Pero el hombre, ¡ay el hombre!, quién le mandaría a él, todopoderoso. Porque lo del libre albedrío no tenía justificación. ¿Cómo se lo iba a explicar al Cosmos? Ya estaba imaginándose la escenita al volver a casa. –la volviste a liar parda- le dirían las estrellas con su luz condescendiente. Para más inri, no se acordaba de la misa a la media, algunos fogonazos en forma de zarza ardiendo alentando no sé cuántas moralinas, seguramente de dudoso gusto.  Otra vez tendría que resolverle la papeleta su hijo, a pedir perdón o amor para que le indultasen por sus travesuras. Última vez que se dejaba engatusar por la maravilla de la creación.


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