lunes, 24 de agosto de 2015

LA EXTINCIÓN DE LOS FAROS

Escribiendo me doy cuenta de mis obsesiones. Los faros pertenecen a esta categoría.


 Faro del cabo Hatteras en Carolina del Norte.


 
LA EXTINCIÓN DE LOS FAROS


De la noche a la mañana el faro de Hércules desapareció sin el menor rastro de excavadoras, grúas o huellas de camiones que hubieran podido trasladar tamaño monumento. Al día siguiente sucedió lo mismo con el faro de Akranes en Islandia. Para mayor perplejidad mundial, al otro lado del atlántico, el faro de Hatteras en Carolina del Norte corrió la misma suerte. La epidemia de desapariciones continuó durante las semanas siguientes. Desde Australia con el faro de Byron hasta el modernísimo faro de Jeddah en Arabia Saudí, pasando por oriente, con el faro de Baishamen, China.

La ONU creó una comisión para investigar la volatilización de estas balizas terrestres. Incluso se fundó una ONG, de amigos de los faros, para vigilar las veinticuatro horas del día los que resistían en el resto del planeta. De nada sirvió, porque el misterioso saqueo lumínico continuó hasta su fulminación completa. ¡Hasta los poetas se sintieron huérfanos! Los marineros ni os cuento.

Desde ni se sabe, ningún acontecimiento había unido tanto a la comunidad internacional. Las guerras y las bolsas se paralizaron a la espera de resolver el masivo atraco.

¡Quién hubiera imaginado, que detrás del pillaje se encontraban unas jovencísimas sirenas, cansadas ya de tanto canto y dispuestas a desencasillar a su especie! Si fue travesura o reivindicación no quedó del todo claro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario