miércoles, 19 de agosto de 2015

ESPEJO, ESPEJITO MÁGICO

¡Llevo unos días de un tierno! El instinto o el oficio me inclinan a utilizarlo en mis textos. Prometo volverme más canalla...

"Espejo, espejito májico , quién es la mujer más..."

 
ESPEJO, ESPEJITO MÁGICO 

-Tu boca saciaría el hambre de los mundos- afirmaba frente al espejo. Se sonrojaba brevemente y volvía a conjurar al cristal: -esas caderas son arco de triunfo por la ciudad. Tus lunares constelan los insomnios. ¡Qué travesías insinúan tus tobillos!-.

Silvia había nacido fea. En la escuela la apodaron “La Notredame”, un infantil y despiadado homenaje al personaje de Quasimodo, en su versión femenina y local. En el instituto la cosa no mejoró demasiado. El profesor de matemáticas decía que premiaría al que descubriese la ecuación que hizo posible tal atentado contra la belleza. Cuando, en su etapa universitaria, cursó Filosofía y Letras no le dejaron matricularse en la asignatura de Estética por pura crueldad.

-Te esperaré siempre... te mereces un poema todas las noches, o tú eres la noche, o todo el poema... tu presencia despeja los abismos... tus caricias musican los deseos.- le respondía la luna del espejo, algo encantada.

Silvia no se sintió nunca patito feo ni bruja de Blancanieves. Silvia no era narcisista ni vanidosa. Tampoco daba el tipo de soñadora o loca de atar. Lo que pasa es que le había tocado a ella decirse lo que todos, alguna vez, nos merecemos que nos digan.

Y aunque soy el narrador, y de poco valga lo yo predique: Silvia eres hermosa, yo construiré un mundo a tu medida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario