domingo, 23 de agosto de 2015

EL JARDÍN DE LAS ORQUÍDEAS

Desde luego esta es mi semana más femenina, en mucho tiempo... otra historieta protagonizada por una mujer.

¡Habría que fundar el Club de las Orquídeas!



EL JARDÍN DE LAS ORQUÍDEAS

Dicen que al amor mueve el universo, pero la fuerza motriz de Teresa fue la falta de él. Quizá la maldición consistía en su desmesurada belleza; los hombres sólo querían el trofeo, no el corazón. O, tal vez, el infortunio era su alma refinada, su inteligencia inusitada y musical (quién no ha temblado alguna vez, ante una mujer de verdad). Teresa estaba convencida que el destino le había reservado otra jugada. Tardó en encontrarla hasta bien entrados los cuarenta, cuando en la noche de San Juan soñó con un jardín de orquídeas.

Comenzó comprando una parcela en la periferia de la ciudad, cerca del río. Erigió un muro de piedra, hasta se permitió la extravagancia de hacer un foso. En la intimidad de los años, dio rienda suelta a su imaginación floricultora. Las variedades más raras de la familia de las Orchidaceae poblaron un recinto, mezcla de jardín oriental y clasicismo versallesco. En mitad de su edén, se permitió el lujo de componer un laberinto construido a base de orquídeas negras. Un columpio azul era la visión destinada a los sorteasen tal acertijo floral. Llegó a ser autoridad en la materia. Horticultores afamados la visitaban para fotografiar sus hallazgos. Su orgullo secreto era la invención de una variedad nueva. Había conseguido, a saber con qué alquimia, fundir la jacaranda con la orquídea fantasma. Si aparte de la eternidad se premiase a los inventores de flores, seguro, hubiera competido con Linneo.

¡Cuánto de caricias íntimas había en sus cuidados, de latido satisfecho, de correspondida plenitud!

Hay quien dice, que quien cultiva un jardín está cuidando del universo.

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