sábado, 8 de agosto de 2015

BISUTERÍAS

Este texto nace como un homenaje familiar a la aventura fallida de montar un negocio de bisutería. Recuerdo celebrar alguno de mis infantiles cumpleaños entre collares, pulseras o pendientes de todos los colores posibles. Recuerdo creer que mis padres eran sultanes o, al menos, parientes del Tío Gilito.


Imagen tomada del blog: importacionesbisuteria.blogspot.com.es


BISUTERÍAS


A Emilio y Ana


Por sus venas corría sangre de bisuteros. Sus padres, y los padres de sus padres, se habían dedicado al oficio de la bisutería. Así que montar una tienda en pleno casco viejo fue sólo cuestión de tiempo.

Para distinguirse de la competencia, ideó una suerte de luciérnagas en su taller. Las imitó tan bien que hasta volaban. El único pero residía en el excesivo precio por cada pieza. Abarató cuanto pudo el proceso y el negocio empezó a tomar carrerilla.

Hasta le llegaban pedidos de los japoneses, impresionados por la maestría de sus falsificaciones.

-En fondo,  la bisutería es la democratización de la belleza- filosofaba mientras esculpía uno de sus artefactos imposibles.

Otros de sus inventos más afamados fueron las “Lunas Crecientes”. Unos satélites multicolores que gravitaban, literalmente, alrededor de sus dueños, con ciclos lunares y todo. En este caso la pega consistía en que provocaban mareas en la sangre de los propietarios con unos efectos lunáticos y hasta licantrópicos. El Ministerio de Sanidad tomó cartas en el asunto y las retiró de inmediato.

La suerte pareció serle infiel en el mismo momento que intentó explotar el mercado tradicional con la producción en serie de imitaciones de joyas.

(No es que sea mucho de moralejas, pero, por si acaso, voy a guardar mis sueños en una caja de caudales.)

2 comentarios:

  1. La bisutería es la democratización de la belleza. Si esto es así, y lo admito, realmente la democracia es una vulgaridad. Polemicemos por polemizar.

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  2. Hola Inhumador!!! Ya podrías venirte a tomar unas cervezas en alguna terraza... darías mucho juego.
    Respecto a tu trampa lógica, no estoy de acuerdo. La democracia me parece un logro del espíritu humano, un intento de crear una naturaleza más justa. Eso sí, se corre el riesgo de perder la noción de excelencia, incluso la de admiración. Digamos que estoy a favor de una democracia con espíritu aristocrático, es decir, con una exigencia de superación, de ascensión, a lo griego... buf, me estoy resultando un poco pesado en mis explicaciones... Un abrazo!!

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