martes, 5 de mayo de 2015

TEJIDO ASOCIATIVO

Estoy probando cosas nuevas, no toméis el divertimento en cuenta.


Derechos de autor de la imagen: La Naturaleza.


TEJIDO ASOCIATIVO

A Clara, por sus trópicos.

Ella era un planeta. Ella era un planeta que vivía en una isla. Un planeta, una isla y esa hermosura de caderas, que Darwin constataría como salto evolutivo.
Le preocupaba el aleteo de las mariposas, la construcción de un nido ecológico y ser partícipe de la siguiente revolución. -Para humanista ella-, le decía el espejo después del desayuno.
Como siempre tuvo el trópico metido en el cuerpo, no le fue difícil encender el mapa. Y su fuego llegó hasta las provincias más sombrías de la especie, pero la hoguera sólo duró un chasquido.
-¿Cómo hacer tejido asociativo?, ¡no hay Big Bang sin infraestructuras!-, razonaba locamente entre razones.
Se quedó pensando como estrellita en el firmamento.
Muchas luces después, el astrónomo la miró desde su caleidoscopio. -Amén- dijo, o tal vez, -oh là là-, aunque las crónicas apócrifas hablan de mucho y verdadero silencio.
Publicó su hallazgo en las paredes de la estación de autobuses y un músico errante de gustos grafiteros lo plagió entre sus notas.
En sus parrandas, el escritor de costumbres dipsómanas escuchó la canción, e inconscientemente la alojó en sus novelerías. 


A estas horas del relato, lector, la pelota está en tu tejado.

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