miércoles, 13 de mayo de 2015

LA METAMORFOSIS

Un giro al tema de las metamorfosis...


La actriz Kirsten Dunst en la película Maria Antonieta



LA METAMORFOSIS


Por supuesto que creía en la reencarnación, pero en esta vida. Y se lo iba a demostrar a los escépticos.

Ella, tan remilgada y tímida, se iba a trasformar en una chica pin-up capaz de derretir hasta el hielo de los gin-tonics.

Lo primero fueron los tatuajes. Nada complicado, porque contaba con un exnovio que era brujo en la materia. Su cuerpo lo decoró como un lienzo a lo Monet. Ninfeas azules navegaban desde sus pies hasta la cascada de orquídeas de su espalda. Para mayor inri floral decidió adornarse los cabellos con una guirnalda de flores de la jacaranda; azules los días, lilas las noches.

Su vestuario, cuidadosamente plagiado a las actrices de moda de los años cincuenta, supuso para ella redescubrir la falda o volver a familiarizarse con los tacones de aguja. Su aportación a la sensualidad fue conseguir que los corsés de fantasía combinasen con unos vaqueros tipo pitillo.

De su alma se encargó Nehemías, un poeta social y algo canalla, versado en filosofía y artes escénicas (por falsos pudores, obviaremos cómo lo consiguió).

Y ahí estaba ella, metamorfoseada en pibón o en sex simbol. Hechicera como un mascarón de proa, cisne y luciérnaga, perfume voluptuoso entre las calles, pecado al acecho de la culpa.

Al ser consciente de su poder transformador no quiso poner freno y decidió cambiar el mundo. Su plan de choque estaba más que claro: la belleza es contagiosa, punto.

2 comentarios:

  1. Por favor, desallóllanos la metamorfosis. O: quiero más.

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    1. ¡Por ti Txisco, hago una metamorfosis 2! Lo que no sé es para cuando, pero llegará... un abrazo!!!

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