viernes, 22 de mayo de 2015

LA METAMORFOSIS 4: EL BURLESQUE DE DIOS

Maldito Txisko, con su capricho ha abierto la caja de los truenos.

Otra bagatela, más bagatela que nunca, sobre la metamorfosis de nuestra chica pin-up.

(Los números anteriores de la saga, los podéis encontrar por el blog)



Foto de desconocida autoría tomada de internet.
De la página:  http://www.bonsaisgigantes.net/zen/wp-content/uploads/2012/09/bn-mujer-alas-columpio.jpg



LA METAMORFOSIS 4: EL BURLESQUE DE DIOS

No os creáis que un simple apocalipsis podría parar a un carácter tan indomable y libertario como el de nuestra chica pin-up.

Emancipada del cascarón terrenal su alma, desbordada de hermosos ideales, parecía no conocer límites. Su nueva e irreverente proposición consistía en escenificar un espectáculo de vodevil erótico en el mismísimo cielo. Como todos sabemos de la benevolencia de Dios, éste no puso impedimento. Es más, exigió como condición que su tribu elegida fuera seleccionada para el papel de corista.

De director teatral escogió a Salomón. De algo le había servido estudiar en un colegio de monjas y frecuentar el Antiguo Testamento. Con los descarados querubines resultó bastante fácil, pero con la sexualidad de los ángeles no sabía qué hacer. Al final optó por ponerlos de figurantes en la coreografía abstracta del número sobre la concepción del mundo. Salomé estaba divina, el público perdía la cabeza por ella.

La obra en sí, destilaba sensualidad por los cuatro evangelios. Fue tanta la acogida, que tenía asegurada la presencia en cartel hasta los próximos dos mil años.

Uno de los efectos colaterales consistió en la afluencia de gente del infierno a ver sus representaciones. Hasta el diablo insinuaba que él podría hacer el papel de vicetiple, muchísimo mejor que el arcángel San Gabriel (que siendo honestos, estaba un poco flojo). ¡Quién se hubiera imaginado que su obra de burlesque divino serviría de tregua entre el bien y el mal!

Todo fue sobre alas, hasta que nuestra protagonista se dejó llevar por sus mudanzas. En su cabecita loca sobrevolaba la idea de convertirse en agujero negro… (¡Ay madre!).

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