domingo, 3 de mayo de 2015

JORGE Y EL DRAGÓN

Un texto facilón, algo mediocre (por qué no decirlo) y un pelín esquizofrénico.
(Este escrito iba de la mano con Los amores de Pinocho, pero en estos tiempos rarunos, hasta mis juguetes piden independencia)

En Logroño no tenemos ninguna envidia a Khaleesi, 
los dragones nos visitan por las plazas.
El de la foto es el menda lerenda.


JORGE Y EL DRAGÓN


Por su complejo de héroe cartografió de nuevo el mundo para acabar con la leyenda maligna. Desde la taberna del hijo déspota de la quiosquera hasta los arrabales que llegaban hasta el río. Por la gruta de los gitanos y en aquel prostíbulo homérico llamado “Penélope”, por si acaso. Escaló las montañas más nevadas para preguntar al Ermitaño si tenía pistas de sus fuegos. Viajó por los ocho mares (pero éste número es otra historia). Tuvo contacto con piratas y sirenas, mas ningún norte sacó de estas reuniones. Peregrinó hasta la cascada de Kuang Si, la última aparición constatada, y leyó, por si algo se le había podido pasar, todo lo recopilado sobre este ser mitológico.

De tanto y tanto buscar se encontró con la princesa (que en este caso era mundana pero linda y de asombrosos y lúbricos talentos).
Pero fiel a su destino abandonó a su recompensa verdadera, y en ese instante de renuncia, se dio cuenta que el dragón que había buscado se alojaba en su interior…

Y al intentar recuperar el amor, el cuento ya se había acabado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario