martes, 12 de mayo de 2015

EL BUQUE ESCUELA

Escribir por escribir tiene algo de embriagador, su utilidad o su importancia es otra cosa.



La silueta de un barco en la mar tiene algo de belleza femenina.



EL BUQUE ESCUELA

Porque no tenía moralidad decidió emprender un viaje para forjarse unos principios. Alquiló la planta de un hotel en Barranquilla con seis cortesanas de la noche y un kilo de alas blancas para aprender que el deseo no se sacia. En medio del Pacífico la noche le enseñó la elocuencia del silencio, su complicidad cósmica. Ser pirata o ser corsario sólo era una cuestión de banderas, no de justicia. Las sirenas existen y te cantan las cuarenta. El amor es un precipicio ya sea en Patagonia o en el primer amor de su pueblo. Es mejor obedecer al viento que a unos galones inexpertos. Si se naufraga hay que hacerlo hasta el fondo. En una de sus vidas de gato marino, bebió lo que no está escrito y sacó conclusiones que no puede recordar. Atesoró grandes historias para los nietos que no conoció. Al viajero lo hace la mirada, no los puertos en que los atraque. La mar no es una patria, es abolir las fronteras...

Su manual puede adquirirse en la sección de autoayuda de unos grandes almacenes.

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