viernes, 24 de abril de 2015

EL LADRÓN DE CHUCHERÍAS

Una historieta con poca chicha pero con mucha chuche...

 Reconozco que cada quince días ceno chucherías.
¡Qué duras son las extravagancias!


EL LADRÓN DE CHUCHERÍAS

Sus primeros pinitos en el arte del hurto se perpetraron en la niñez. La tienda de golosinas que surtía los dos colegios del barrio testificó una habilidad y una pasión que sorprenderían al país entero.


Fue el primero en utilizar el método del butrón para desvalijar la fábrica de caramelos más conocida de la provincia con rotundo sonrojo para el gremio.


Parece ser que el alunizaje sólo lo utilizó una vez y, enseguida, lo desechó como método de pillaje. Había un paradójico respeto por el trabajo y los lugares que asaltaba, como si dentro de su corazón hubiese una dulce disputa.


Con veintitrés atracos a sus espaldas y cuatro años de investigación policial, su carrera en el negocio de las golosinas finalizó con su detención.

En su estancia en la cárcel escribió su autobiografía “Mi vida entre gollerías”, fulminante best seller que provocó que le salieran imitadores hasta en el otro lado del charco.


Su epitafio fue de lo más revelador: “Robé chucherías para demostrar al mundo que la infancia dura toda la vida”.

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