martes, 3 de febrero de 2015

LA PALABRA MALENTENDIDO



Cuando me aburro dejo que la imaginación tome el timón y, simplemente, me dejo llevar.

Estas palabras son fruto de ese juego. No pasará a los anales de la historia, pero me he divertido como en un recreo. ¡Suficiente, digo yo!

 ¿A ver qué dicen los académicos?


LA PALABRA MALENTENDIDO


Como muy bien afirma la filóloga y crítica literaria sumeria Esther de Ur, el término que hoy discutimos deriva semánticamente de las entendederas y de cierto engaño ficticio. Debemos presuponer pues que hay un pensamiento oscuro en esta palabra o, al menos, desconfiar un poco.


Si para que exista la alevosía debe existir el bien (que no lo decimos nosotros, que lo dice Santo Tomás) en este supuesto, al tener un cariz de candor, la juzgaríamos con ternura o manía según los humores de nuestra personalidad.


Otras teorías promueven que es de la familia de la enredadera o del enredo, según lo poderosas de sus inclinaciones botánicas o que leyeran a Shakespeare en el momento de proponérselo.


Un filósofo hermenéutico checo insinuaba que es una palabra alquímica emparentada claramente con la ficción. De ahí que ambas provoquen desencadenantes reales.


Un antónimo interesante y poco frecuentado sería el bienentendido. Licencia poética de alegre carácter y maneras excéntricas que nos divierte y nos enseña. Un género muy desarrollado por todo el margen del Moldava.


Así como las expresiones, malintencionado y bienintencionado, parecen consensuadas a un lado y a otro del Atlántico, la Ultracademia le concede entidad esquizofrénica para evitar cualquier malentendido.

2 comentarios:

  1. Bienentendidamente, me encanta. Es una rara mezcla de Kafka con Borges.

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  2. joe gracias Txisco, la comparación superlativa!!! lo de rara mezcla es el piropillo que más me ha gustado.

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