lunes, 26 de enero de 2015

Y EN PRINCIPIO FUE EL PEZON

Espero que este texto abra el libro de "La Pezonomaquia". Digamos que los pezones los utilizo como excusa para mirar el mundo, para construir una cosmogonía en toda regla.
El estilo, si lo hay, es un vómito arrebatado, una llamarada literaria y encadenada porque antes solo hubo silencio..... toma ya!!! 


Ya os podéis imaginar lo dificil
que me ha sido encontrar la foto de un pezón por internet.


Y EN PRINCIPIO FUE EL PEZÓN

El pezón como mirilla y mirador para contemplar el mundo. El pezón como otro imprescindible corazón. Pezones que son lianas, trampolines, muletas, altavoces de la hondura del existir. Pezones como brújulas y laberintos de un destino que da sentido al mío. Pezones como sabia y vestuario para el alma. Manantiales y puertos de la inquietud y de la voluntad. Oasis del querer y del deseo. Apezonada tierra prometida. ¡Pezones que son rostro de ti, amor que me cincelas! Desde la cumbre de los pezones, el aprendiz de caminante ante el mar de niebla imagina el universo, filtra la realidad por el embudo al revés de los pezones. Son luciérnagas de lo inefable, centellas o aullidos que me cabalgan y me alzan. Antídoto contra el desencanto y el cansancio de vivir. Son ganzúas que paren abismos delicados y los bautizan. Una cartografía de mi mundo, el único cimiento sin peros de las tinieblas, la esencial sensación sagrada que me trasciende. ¡El pezón, ese resplandor desde la nada, esa sentencia de vida entre tanta muerte! Órbitas sois de mis desvaríos y descubrimientos. A la luz de los pezones se descifra el tiempo y sus enigmas. Navegan por mis venas, pregonan el rumbo de la mirada, resuelven los acertijos de la soledad, sacian el hambre de ser más. El pezón es clave, contraseña, Piedra Rosetta para adentrarse en el mundo y darle nombre.

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