viernes, 16 de enero de 2015

TU ESPALDA

Publicado en todos los sitios donde he podido, digamos que es el poema insignia de otros tiempos. Con sus más y sus menos, sigo bastante satisfecho. Los méritos (si los tiene), así como los derechos de autor, pertenecen a la musa en cuestión.

 
No hay instrumento musical que saque más sonidos
que el cuerpo de una mujer.

 TU ESPALDA

El secreto residía 
en que mis manos
se convirtieran en camisón
en aire o en seda
y llegasen y no llegasen
a tocar o retocar tu piel


mis manos peregrinas
recorrían
recodo a recodo
pálpito a pálpito
deseo a deseo
el infinito de tu columna
y alrededores
por recrearse
en este reverso
curvilíneo y mágico
de tu geografía desnuda 


tu espalda
tenía tantos misterios
como tú 
su encanto
era mezcla de dureza
y de ternura
con dos cucharadas
de sexo, gracias 


a veces
dejaba de besarte
y ascendía al cielo
porque sentía que las manos
modelaban
no ya tu espalda
sino todo el amor
aunque no estoy seguro
si no era tu espalda
o el amor
quienes cincelaban
a mis manos 


después de ti
o de tu espalda
vinieron otras tú
y otras espaldas
y busqué y rebusque
entre las nuevas y tersas
en busca de la tuya


hoy me conozco
y reconozco
como un vicioso
nunca doy la espalda
a una buena espalda


y contando
y descontando
desde el pulgar al meñique
pasando por el corazón
sin el valle de tu espalda
mis manos  
continúan huérfanas

1 comentario:

  1. También yo tendría cariño a este poema si fuera mío. Es original, bello y equilibrado. Me encanta.

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