lunes, 26 de enero de 2015

LOS PEZONES DE JULIETA

Este texto formará parte del libro "La Pezonomaquia" que da nombre al blog. Un poemario en prosa (o así lo contemplo), que espero sea mi primera aparición como libro hecho y derecho.
Desde aquí y públicamente digo que este libro ya tiene editorial. Los amigos del "4 de agosto" llevan años animándome y brindándome la oportunidad de publicar con ellos. Les he fallado tantas veces con mis absurdos silencios y mis demonios que les debo mucho, muchísimo. Si aún no se han cansado de mis niñerías, éste será el libro (mi primer libro) que les ofreceré.
Digo esto aquí y de esta manera, para que si no cumplo esta promesa me condene públicamente para siempre. Y lo digo en serio.
A ver si con la ayuda de este blog, puedo por fin, dejar de ser un malqueda y acabar este dichoso propósito.

Gracias amigos/as del "4 de agosto" por vuestra infinita paciencia. (Comprendería también que se me hubiese pasado el arroz para entregaros estos textos, aún así, seguiré defendiendo vuestro proyecto de hacer de la cultura un arma cargada de presente).

A mis personalidades ñonas les encantó esta versión cinematográfica



LOS PEZONES DE JULIETA


Este frío invernal es propicio para permitir que los pezones de Julieta sobrevuelen  y empapen la soledad a sus anchas. Es tiempo para mirar fanáticamente al curativo mar que nos comprende. Tiempo de verbenas perfumas de ausencias, de insomnios sin paradero que se unen con el día del que huyen, de dejarse llevar por la mediocridad como narcótico para sortear el presente, de que la esperanza no quiera tener hijos, de ser cementerio de besos, de esconder el corazón como un avestruz, de lapidarse por no haber estado a la altura, de acudir a bares o bibliotecas en busca de bálsamos que alivien la resaca del desengaño, de hacer balance para descubrir cúando terminó el capricho y cuándo empezó la mentira, de ver su espectro expuesto en los escaparates de la memoria, de mortificarse una y otra vez recorriendo los lugares santos donde Amor tuvo su altar, de considerar justos los agravios como tributos a deshoras por un pasado donjuanesco.

Tiempo, también, para coser las nostalgias que se salvaron del naufragio y enterrarlas en una caja de zapatos como con la correspondencia que más duele.

Tiempo, en fin, de tener el verso roto y entonar en un suspiro o en una blasfemia... ¡Julieta ha muerto!¡Que viva Julieta!

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