jueves, 15 de enero de 2015

LA MUJER POEMA

Un cuento corto del que ando muy satisfecho porque me ha llevado a territorios literarios que no suelo frecuentar. -Se hace camino al andar- que dijo el amigo Machado.

De momento sólo lo he compartido clandestinamente con mis compadres y comadres de "El Hombre que fue jueves" así que si algún voyeaur con una revista quiere publicarlo que me avise que yo estaré encantado de dejar que este cuento siga volando.

No es que la foto vaya mucho con el texto,
digamos que es una licencia poética de marketing.



LA MUJER POEMA


“Solo se la vio sonreír, halagada y, tal vez, vulnerable,cuando el joven ordenanza ,antes de abrirle la puerta, murmuró casi en su oído:
¡Cosita linda!

Del cuento Lingüistas de Mario Benedetti



Cuando Nani González acabó de exponer su ponencia sobre gramática generativa transformacional, se encontró sobre el atril convertida en un poema.

El público asistente, compuesto por un conjunto de lingüistas, gramáticos y filólogos, aplaudió con una euforia impropia del gremio tal ejercicio de prestidigitación literaria.

Nani, la verdad, no sabía que pensar. Jamás de los jamases, una intervención suya, había generado una reacción semejante.  Así que se dejó hacer por la moderadora del congreso, que la introdujo cariñosamente (y con cierto rubor de envidia), dentro de una de sus carpetas. Ni siquiera se sintió incómoda en la estrechez del portafolios, seguramente debido, a que era un poema en verso libre, y eso quieras que no, le permitía gozar de una libertad de la que no había tenido noticia en su propia vida. Además, por fin, se sentía completa. Todas las incertidumbres sobre su existencia estaban resueltas. Sabía que el título marcaba su inicio y el límite de su cuerpo alcanzaba hasta sus dos delicados y reveladores versos finales.

Al llegar al hotel, la moderadora la acompañó hasta su habitación, dejándola posada encima de la cama y se marchó, no sin antes, argumentar la supremacía de la métrica sobre el ritmo y que sus dos estrofas principales no encajaban en ésta, nuestra postmodernidad. Indiferente, pero satisfecha, Nani declamó el inicio de sí misma para demostrar agradecimiento y, por qué no, con la esperanza de que contasen con ella para próximos eventos académicos.

En la soledad de su cuarto, lo primero que pensó fue que por fin se había librado de su vicio de fumar. ¡Cuántas veces lo había intentado y había fracaso! –Ni parches, ni pastillas, ni una voluntad de acero. Nada como un buen poema- pensó. Y se echó a reír por la ocurrencia.

El resto de tarde lo pasó dándose vueltas sobre sí misma, que digamos. Concretamente sobre una metáfora un poco opaca, que no llegaba a explicarse. Con sus doctos saberes, no podía desentrañar esa poderosa imagen que la llevaba, irremediablemente, hacia su infancia.

Sería el frenético día de aquí para allá, o la satisfacción del trabajo bien hecho, el caso es que cayó dormida fulminantemente. La noche entre sus sueños transcurrió viajando por cementerios marinos y los versos más tristes esta noche, entre poetas en Nueva York y antipoemas, entre golondrinas y liras y marineros en tierra, por campos de Castilla y hojas de hierba, por haikus orientales y bocas de fresa, en ríos que van a morir a la mar y músicas calladas…

El amanecer anunció su presencia marcando con un haz de luz su décimo quinto verso, como en esas películas sobre ocultos tesoros de civilizaciones perdidas. Rezaba así: “Las cadenas saben más del amor que las alas de los pájaros”. Nani entusiasmada de cómo prometía el día, no quiso darle más vueltas, y se dijo, que lo que tendría que ser sería. Sé sintió hermosa y sibila griega, y doblando una esquinita del folio que la contenía, se miró al espejo, esta vez sí, permitiéndose el lujo de corregirlo.
Cuando le subieron el desayuno, tuvo una de esas iluminaciones que serían frecuentes en su nueva vida: –Ser poema es mejor que ser poeta-.

Jorge Cafrune

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