miércoles, 28 de enero de 2015

HISTORIA DE UN FADO




Mi reina de los siete mares
(aunque hace poco una niña pequeña me reveló que eran diez)
en la Torre de Belém en Lisboa.




HISTORIA DE UN FADO

Ella era Lisboa.
Su alma, dividida, se armaba en barrios.
Por la mañana,
con su instinto marino
y su luz de Belém,
miraba al mar como a una curva,
atrapada por los viajes que sí hizo.
Al atardecer
subía al Alto a bohemiar
y no necesitaba de parises ni belles epoques,
la calle era el mundo en miniatura.
La noche
le pillaba por Alfama
pescando laberintos y purezas,
porque todo es posible cerca del mar.

Y era sencilla como un helado,
secreta como una cala inaccesible,
libertaria como las velas de un barco,
¡cuánta feminidad sin tacones
por sus calles empedradas!

Leyendas de marinero
engendró en los hombres
que supieron verla.
La miraban como si fuera una saudade,
real pero lejana,
ternura en llamas
que poblaba sus imaginerías.

Sus ojos eran Byron y Pessoa,
¿sus caderas?, los tejados rojos de los gatos.
Sus pechos eran un fado
y sus pies un tranvía amarillo.

2 comentarios:

  1. Estás sembrao, Cafrune. O lo estabas, cuando escribiste el poema.
    A ver si el encargo se multiplica y continúa. Pon en juego tu talento, oh, tahúr de las letras.

    tx1sk0

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    Respuestas
    1. Dijo la sartén al cazo!!! Gracias amigo, anda que tus versos no cojos tampoco. Tengo decidido jugar a muerte con las palabras. Un abrazo prometeo!

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