lunes, 26 de enero de 2015

DIURNO SOBRE NOCTURNO

Parece que estos días mis personalidades cursis mandan a sus anchas sobre mis versos.
La verdad que es un texto algo antiguo pero digno (al menos para mí) y merece su rescate del olvido.
He de reconocer que en la enumeración como recurso ando cómodo. Tan cómodo que empiezo a aburrirme y creo que debo aventurarme en otras técnicas, en otras frecuencias literarias. De todas maneras soy un firme defensor de la enumeración descriptiva, porque que está preñada de tanta acción, y no sé si me explico.

Aquí os dejo un poema sobre las huellas del deseo en la mañana.

El pintor Néstor de la Torre no está suficientemente reivindicado.
Sirva esta muestra de su arte, a ver si lo aupamos donde merece.


DIURNO SOBRE NOCTURNO

Y los bostezos durante el día
se presentan como rúbricas del placer nocturno,
viajan como postales del deseo
en el buzón de la mañana,
acuden como postdatas de la carta de amor
que las lenguas escribieron en los insomnios.

El cuerpo, con su perfume lunático,
no se acostumbra a la luz de la mañana.
La mirada, que no contempla el cielo,
es el estertor de una función memorable.

Esta mirada de fondo está poblada
de una cama enredada a dos amantes,
de la inmensidad cabiendo en un beso,
de la danza acompasada y frenética
de dos sexos componiendo aullidos
tras el telón de las persianas,
de una puerta cerrada para una encendida ternura.

En esta mirada más lúcida
reside el paisaje de dos almas en vuelo,
de unas manos exnómadas
colonizando las caderas de una bailarina
con las ganas de ese viaje pendiente
que por fin se sacia y pide más.

¿El amor?
¡El amor es una noche que no acaba!

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