miércoles, 21 de enero de 2015

CRÓNICA AMOROSA

Este microrrelato "periodístico" es una de esos textos que surgen en el laboratorio literario, en su taller de escritor.
Sólo me propuse contaminar un poco el relato con un narrador que proviniese del mundo de la prensa. Un ejercicio sencillo, sin pretensiones, pero que me deparó la sorpresa de este cuentito corto.
He de reconocer que el narrador tiene ínfulas de literato, qué le vamos a hacer.

Volando voy, volando vengo...


CRONICA AMOROSA


Ana, de  entre  sus dos mundos, el que más prefería era el mitológico.  Fugitiva,  vivaracha y superviviente eran calificativos de los que se gastaba la muy hembra. Entre la  ciudad y el pueblo,  escogía el barrio periférico o barrio amurallado por sus propias máscaras. Entre ser libre y sentirse segura se decantaba por dejar que la edad hiciese su trabajo. Entre el hombre sanguíneo y el hombre etéreo, no había duda, todos debían de ser uno.


Jorge,  de entre sus dos amantes, por la que perdía de verdad el norte era por la que había nacido en el sur, pues así de simbolista trasnochado era el tipo. Entre los pezones filosóficos y los pezones  cotidianos,  gustaba de los anárquicos, así sin más. Entre las vaginas hogareñas y las vulvas pretenciosas, era muy de esos que olvidan pronunciarse cuando están dentro. Entre la mujer o la niña, prefería al animal salvaje que viste de elegancia su fiereza.


Ana era el hadita traviesa de los sueños de Jorge. Jorge,  el canalla azul de los sueños de Ana.


Después de seis o siete novelas en la que sus amores parecían presagiar el firmamento, decidieron abandonar el barco de la cursilería. Se escribieron dos o tres cartas ridículas pidiéndose una prórroga. Hasta tuvieron luto y duelo como en las historias decimonónicas.


Hoy Ana tiene dos hijos con un marido que trabaja en una empresa de informática. Acabó sus estudios y compatibiliza su papel de madre con un puesto en el ministerio.

Jorge no pudo soportarlo y se dio a la bebida. Dicen se olvidó completamente de ella, (error fatal pues al menos su ausencia lo ligaba a la vida). En ocasiones sus amigos se lo encuentran vagando y alimentando su cirrosis por bares de mala nota.


Constato que los vi hará un par de meses. Ana estaba guapísima y delgada y parece se había operado los pechos.  Y de Jorge puedo decir que, aunque había envejecido por lo menos quinientos años, la palabra fulgor, (palabra muy difícil de encarnar) todavía latía en su mirada.
Jorge Cafrune

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